AMLO pide ser razonable en demandas salariales

Las huelgas y exigencias laborales crean efecto opuesto al deseado en la frontera.

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El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, intenta cerrar la caja de Pandora de las demandas salariales que él mismo ayudó a abrir cuando duplicó el salario mínimo en las áreas fronterizas con Estados Unidos. 

Su compromiso de acabar con la manipulación gubernamental de sindicatos abrió las compuertas a nuevos y más combativos movimientos laborales en un país en donde los sindicatos llevan callados mucho tiempo, y dio pie a una oleada de exitosos paros en enero en 48 maquiladoras -plantas donde principalmente se ensamblan productos de exportación- en la ciudad fronteriza de Matamoros. 

La agitación laboral ya se extendió a otras plantas no dedicadas a la manufactura en la ciudad, limítrofe con Brownsville, Texas.

Los trabajadores de industrias locales, por ejemplo de plantas de embotellamiento, exigen el mismo aumento de 20% y bonos equivalentes a $1,650 dólares que los empleados de maquiladoras exitosamente negociaron, y se corre el riesgo de que los paros se extiendan a todo el país. 

López Obrador intentó calmar la ola de paros el jueves, diciendo que los sueldos deben aumentar, pero “que no se genere un ambiente de inestabilidad en lo laboral”. 

Sus propias acciones provocaron los problemas. En su intento por abordar décadas de estancamiento salarial, después de asumir la presidencia el 1 de diciembre, López Obrador duplicó el salario mínimo a 176.20 pesos (aproximadamente $9.30) en comunidades a lo largo de la frontera estadounidense, en donde el costo de vida es más elevado que en otras partes del país.

Eso provocó paros en Matamoros porque muchos contratos colectivos en la ciudad estaban indexados a aumentos al salario mínimo. 

López Obrador ha intentado controlar los daños. Esta semana sostuvo reuniones con líderes empresariales para asegurarles que su gobierno izquierdista será amigable con las empresas. 

“Mi recomendación es que aumenten los salarios, pero también se considere la situación de las empresas, que haya equilibrios. Tenemos que mantener las fuentes de trabajo”, dijo el presidente el jueves. 

Fue una aparente referencia a las amenazas de varias empresas de cerrar sus plantas en Matamoros. 

La situación ha llegado a tal grado que productos de Coca Cola escasean cada vez más en tiendas de Matamoros después de que la planta local se vio afectada por una huelga. La embotelladora local de Coca Cola, Bebidas Mundiales, dijo que algunos empleados interceptaron camiones de entrega y organizaron una manifestación afuera de su planta en la ciudad, impidiendo las labores de unos 718 trabajadores. 

La compañía dijo que sus empleados ya ganan en promedio unos $13 al día, más que los entre $9.20 y $10.50 que obtuvieron los trabajadores de maquiladoras en sus huelgas. 

Los paros también se extienden más allá de las zonas fronterizas con variantes del estandarte de Matamoros de “20/32”: un aumento en el sueldo de 20% y un bono de 32,000 pesos. 

El sindicato federal que representa a los trabajadores en Walmart de México, la tienda minorista más grande del país, dijo que se planea una huelga en 80 tiendas a nivel nacional el 5 de marzo, a menos que la compañía acuerde un aumento salarial del 20% y bonos para empleados basados en un porcentaje de las ventas de las tiendas. De llevarse a cabo, esa huelga podría involucrar hasta a 60,000 empleados. 

“Tengo entendido que no han avanzado en esta negociación”, dijo Isaías González, de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), que representa a los trabajadores de Walmart. 

La amenaza de huelga en Walmart es un nuevo giro para la CROC, que es uno de los sindicatos más antiguos en México y conocido por su estrategia que favorece a las empresas. Sin embargo, parece que la nueva agitación entre los trabajadores motivó al menos a uno de los sindicatos de la vieja guardia a volverse más radical para mantener a raya a nuevos y más combativos intentos de organización que han surgido desde que López Obrador ocupó el mando. 

Por ejemplo, las huelgas de Matamoros se han extendido a sindicatos más conservadores, cuyos miembros han obligado a sus líderes a presionar por las mismas exigencias de 20-32 que obtuvieron sus colegas en las maquiladoras. 

“La naturaleza de la gente es decir: si lo obtuvo mi vecino, pues yo también”, dijo Rogelio García, director de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación en Matamoros. “En todos los casos eran grupos minoritarios, a veces sólo 10% de la gente afiliados, sindicalizados, se manifestaron afuera y pidieron refuerzos. Entonces llegan los trabajadores de las primeras empresas que obtuvieron el bono”. 

“Vemos que hay un empoderamiento de la gente ante la inacción del gobierno”, dijo García. 

Señaló que una compañía de Matamoros, Joyson Safety Systems, que provee partes automotrices, ya colgó un letrero en su fábrica que dice: “Matamoros, muchas gracias, adiós”. 

García pronosticó que las compañías pospondrán las expansiones planeadas y alejarán el trabajo de sus plantas de Matamoros, potencialmente costándole a la ciudad entre 10,000 y 15,000 de sus 90,000 empleos industriales, así como crecimiento a futuro. 

Es justo el efecto opuesto que López Obrador esperaba en la frontera. El plan del presidente era crear empleos en zonas fronterizas para que los mexicanos y centroamericanos no tuvieran que emigrar a Estados Unidos en busca de trabajo.

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