Café Versailles

El Versailles llega a 50 años como emblema de la diáspora cubana en Miami

El Versailles “se ha convertido en un lugar icónico, un lugar que ha vivido y asistido y ha creado la historia de la comunidad”, dijo Fernand Amandi, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Miami.

Telemundo

El restaurante Versailles es un emblema de Miami. El sitio en el que se palpita el sentimiento de la diáspora cubana y una especie de plaza pública que ha albergado desde los festejos de exiliados por la muerte de Fidel Castro hasta las recientes manifestaciones de apoyo a protestas callejeras en la isla.

En sus mesas se han sentado presidentes demócratas como Bill Clinton y republicanos como George W. Bush y Donald Trump. Es un lugar concurrido por políticos en campaña que buscan conquistar el voto de los cubanos-estadounidenses, y la parada requerida por turistas para saborear un cortadito en su ventanilla y conocer la cultura de Cuba en el sur de la Florida.

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Como el Versailles adquirió fama mundial

Felipe Valls Jr. le cuenta a Gloria Ordaz qué político inició la tradición de visitar Versailles.

Creado por un empresario cubano que se exilió en Miami en los años 60, el restaurante ha sobrevivido hasta la pandemia de coronavirus que obligó a cerrar las puertas de locales gastronómicos durante semanas y se ha convertido en un punto de referencia cultural y político. Celebra 50 años exhibiendo un archivo de fotos y recuerdos de la experiencia del exilio cubano, un proyecto conjunto con History Miami Museum.

SOBRE SU IMPORTANCIA

El Versailles “se ha convertido en un lugar icónico, un lugar que ha vivido y asistido y ha creado la historia de la comunidad”, dijo Fernand Amandi, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Miami. “Si hubiera una Meca en Miami, se llamaría Versailles, ese lugar de congregación de oración a donde vienen todos los mundos, tanto los turistas como los políticos, como los extranjeros, como los propios residentes”.

Le cuentan a Gloria Ordaz que el sueño es abrir un Versailles en una Cuba libre

Situado en la Calle Ocho, en el límite entre la elegante ciudad de Coral Gables y el vecindario de La Pequeña Habana, el autoproclamado “restaurante cubano más famoso del mundo” abrió sus puertas en 1971 para ofrecer comida cubana de tipo casera a precios accesibles.

En sus cinco décadas, el local se ha expandido tres veces y de los 80 comensales que podían sentase en sus inicios ahora son 375. Actualmente sus dueños tienen también una cadena de restaurantes cubanos llamada La Carreta, varios restaurantes españoles y otros negocios. En total emplean a unas 2,000 personas.

“No creo que nadie pueda tener la visión de pensar que este pequeño lugar se iba a convertir en un lugar primero, tan grande, y segundo, tan icónico y conocido”, expresó Felipe Valls Jr., el hijo del fundador, y quien ahora administra los negocios.

El padre de Valls vino a Miami desde Santiago de Cuba a los 25 años, en 1960, después que el gobierno de Fidel Castro le confiscó varios negocios, entre ellos una cafetería, un club y una gasolinera. Con él llegaron su esposa embarazada, una hija de cuatro años y Felipe, de dos.

LA PRIMERA "VENTANITA"

Sin dinero y con la necesidad de mantener a la familia, empezó a vender equipos de restaurantes con un estadounidense, hasta que con dinero que le adelantaron de su salario comenzó a a importar máquinas de café desde España e Italia, y a montarlas. Así fue que creó la primera “ventanita” en un mercado para vender café al paso a gente que esperaba en la calle, un concepto que luego repitió en el Versailles y más tarde se extendió a otros negocios de Miami.

En 1968 compró su primer restaurante, que luego vendió para comprar la esquina donde ahora está el Versailles. En un principio era una cafetería de lujo donde poetas, músicos y gente de la farándula local como Olga Guillot o Israel “Cachao” López coincidían.

Un decorador cubano fue el encargado de montarlo y como el diseño fue de estilo francés le pusieron Versailles. Su éxito es motivo de orgullo en la comunidad.

“Para mi Versailles significa cubanía, que una Cuba mejor es posible”, expresó José Luis Leyva, un cubano de 37 años que llegó de la isla en 2013 y a los dos días fue a conocer el restaurante. “Cuando miro al Versailles veo lo que pueden lograr los cubanos en una tierra libre”, dijo mientras cargaba dos bolsas con comidas típicas que incluían ropa vieja, vaca frita, plátanos y sandwiches cubanos que acababa de comprar.

Más allá de la tradición culinaria, el Versailles se ha convertido también en un foro de temas cubanos a donde acuden tanto políticos como exiliados en busca de compartir ideas y discusiones. En su ventanilla suele verse a cubanos quejándose de la situación en la isla, y el estacionamiento para carros al frente del restaurante suele estar repleto de manifestantes y periodistas cuando hay noticias sobre Cuba.

“Cada vez que hay algún evento importante en Cuba o aquí en Estados Unidos relacionado con la comunidad, allí se concentra usualmente la mayor cantidad de personas que van a protestar o a manifestarse, y se convierte entonces en una especie de plaza pública, para la discusión acalorada sobre temas cubanos y cubanoamericanos”, dijo Jorge Duany, director del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de la Florida.

También los políticos locales, estatales y nacionales se acercan, sobre todo en época de campaña política, para tomar el pulso de la comunidad. El desfile de políticos empezó en los años 80, después que el senador demócrata Bob Graham trabajó en el restaurante un día completo como mesero, parte de una campaña por todo el estado en la que había prometido desempeñarse en diferentes oficios para ver en carne propia qué es lo que sentían esos trabajadores.

Llamó mucho la atención, sobre todo por ser un legislador estadounidense en medio de un ambiente predominantemente latino y cubano en Miami. Desde entonces el restaurante es un paso obligado para muchos aspirantes políticos.

Cuando Bill Clinton ganó la presidencia, en 1992, su campaña le organizó un evento en el Versailles para que el demócrata agradeciera a los cubanos que lo habían ayudado. En aquel entonces, gran parte de los cubanos-estadounidenses votaban a los republicanos, algo que ha ido cambiando con el tiempo con la llegada de cubanos más jóvenes con posiciones más liberales.

Jorge Mas Canosa, un republicano que presidía la Fundación Nacional Cubano Americana de tendencia conservadora, no había sido invitado, pero con la ayuda de los dueños de casa pasó por la cocina del restaurante y llegó sorpresivamente a la sala y ambos pudieron hablar sobre Cuba, recordó Valls.

Fernando Girón visita el famoso restaurante en la Pequeña Habana.

La familia Valls asegura que trata de mantener al restaurante como un lugar neutral, al que pueden acudir tanto demócratas como republicanos. En la práctica, sin embargo, suele ser más visitado por los políticos conservadores que promueven una política de mano dura hacia la isla que goza del beneplácito de los exiliados que primero llegaron a Miami. Entre esos políticos aparecen el gobernador Ron DeSantis y el senador Marco Rubio. Trump, incluso, acudió cuando estaba en plena campaña presidencial, en 2016.

“En realidad llama la atención efectivamente que si no es una política como tal de la gerencia, en la práctica se convierte sobre todo en un lugar donde se promueve una cierta ideología”, expresó Duany. “Una ideología anticastrista, exiliada, que tiende a simpatizar más con el Partido Republicano”.

Para los que no son cubanos, el Versailles también es un símbolo de Miami. Pablo Williams, un panameño que trabaja en el sector energético en Atlanta, acude a la ventanilla cada vez que viaja al sur de la Florida. Una tarde reciente llevó a conocerlo a un compañero estadounidense. “Venimos buscando comida auténtica cubana, cortaditos, café con leche... el ambiente”, dijo mientras esperaban en fila a ser atendidos.

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