North Charleston: cuestionan tácticas policiales

Cuestionan tácticas policiales en North Charleston

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    NORTH CHARLESTON, Carolina del Sur - Conforme North Charleston ganaba en población y popularidad la década pasada, esta ciudad de Carolina del Sur también se enfrentó a un auge en la delincuencia. Los gobernantes locales hallaron una solución sencilla para la policía: ser agresivos.

    Pero el departamento de policía perdió el respecto de muchos vecinos negros en los barrios que patrullaba, y ahora muchos están indignados por la muerte de un conductor negro desarmado por disparos de un policía blanco.

    La policía de North Charleston empleaba computadoras para identificar los vecindarios donde aumentaban los delitos, y entonces enviaba oleadas de agentes para patrullar y hacer controles de tráfico, buscando delincuentes y dejando que los conductores supieran que estaban allí y trabajando.

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    A juzgar por las cifras, funcionó. Los homicidios cayeron un 50%, los robos remitieron un 66% y las violaciones un 32% entre 2007 y 2012, el último año con cifras disponibles en la División de Fuerzas de Seguridad del Estado.

    Pero el descontento se hace ver, mientras los líderes de derechos civiles piden una investigación completa del Departamento de Justicia sobre el cuerpo de policía municipal y su estrategia para combatir el crimen.

    El letal tiroteo en el que murió Walter Scott, cuando huía tras una parada de tráfico, avivó el descontento en todo el país. Pero la gente de North Charleston, familiarizada con las tácticas de la policía local, dijo no estar sorprendida.

    "Si la imagen de una ciudad es más importante que las vidas de sus ciudadanos, va a haber un problema", señaló Dot Scott, presidenta de la rama local de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), que no está emparentada con el conductor fallecido.

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    El Departamento de Justicia de Estados Unidos está realizando una investigación paralela con un fiscal local sobre si se produjeron violaciones de derechos civiles en la muerte de Walter Scott.

    La NAACP quería que eso se ampliara a una pesquisa completa sobre si el racismo y la falta de respeto a los derechos civiles están extendidos en todo el departamento, igual que la investigación de la agencia federal tras la muerte de otro hombre negro a manos de un agente de la ley en Ferguson, Missouri.

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    North Charleston, que ha sufrido un problema de imagen durante buena parte de su historia, se formó en 1972 con la fusión de varias comunidades pequeñas como Liberty Hill, formada en un principio por esclavos liberados y negros libres al final de la Guerra Civil de Estados Unidos.

    Con poco más de 100,000 habitantes, North Charleston creció en casi 16,500 personas, en torno a un 20%, entre 2000 y 2010.

    Más de la mitad de sus residentes pertenecen a minorías, en su mayoría afroamericanos. Pese a los efectos de la prosperidad de la vecina Charleston, la pobreza persiste en algunas zonas de North Charleston.

    En torno al 28% de las familias gana menos de $25,000 al año, según el Censo de Estados Unidos.

    Durante años, la comunidad luchó con una crisis económica causada por el cierre a mediados de la década de 1990 de la base naval de Charleston, en la costa de la ciudad. La suerte de la ciudad estuvo ligada durante décadas a la base, donde a mediados de la década de 1980 trabajaban 38,000 personas. Los puestos ilegales de tatuajes y la prostitución eran parte de los turbios signos de identidad de muchas ciudades militares a finales del siglo pasado.

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    Pero la ciudad tenía mucho terreno y estaba cerca de la floreciente Charleston, que linda con agua por tres lados.

    North Charleston ha remontado debido en parte a una gran inversión de Boeing, que tiene una planta de fabricación de aviones 787 en la ciudad y emplea a unas 7,500 personas en Carolina del Sur, la mayoría en North Charleston.

    Ahora, la ciudad abarca desde lujosas urbanizaciones con viviendas de $700,000 junto al río Ashley, hasta un floreciente distrito comercial con centros comerciales a lo largo de la Interestatal 26, así como los barrios negros más antiguos y pobres cerca de la vieja base naval.

    Y esos vecinos pobres y negros han aprendido a unirse y ser prudentes ante un cuerpo de policía formado por blancos en un 80%.

    Varios vecinos de la ciudad contaron esta semana la misma historia sobre lo que hacen cuando un agente enciende las luces para pararles cuando manejan.

    De inmediato, dijeron, llaman a un amigo para ver si está cerca y puede ir a servir de testigo para el control de tráfico. Si no hay nadie cerca, dejan el celular encendido en el asiento o la consola para que la persona al otro lado pueda escuchar, por si acaso.

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    "Hemos aprendido que tienes que tener testigos", dijo un vecino, Robert Blanton, de 25 años.

    Los negros alzaban las manos cuando se les acercaba la policía años antes de que la frase "Manos arriba, no dispare" se convirtiera en un lema contra la violencia policial tras la muerte de Michael Brown en Ferguson, explicó Blanton.

    El joven dijo que la policía le había hecho detenerse muchas veces cuando tan sólo caminaba por su barrio por la noche.

    "Me pregunto, ¿hacen eso a los blancos que caminan por su barrio?", dijo.

    La policía local respondería "sí". El departamento se ha negado a comentar sus tácticas contra el crimen en los días posteriores a la muerte de Scott y a que Slager fuera acusado de asesinato, diciendo que quieren esperar hasta el funeral de Scott el sábado por respeto a su familia.

    Pero en un artículo de 2013 publicado en el Post and Courier of Charleston, el entonces jefe de policía Jon Zumait justificó su agresiva estrategia diciendo que aseguraba que la gente cumpliera la ley. E incluso si los controles de tráfico no producían detenciones, hacían correr la voz de que la ciudad se tomaba en serio la lucha contra el crimen, dijo al diario. El periódico señaló que las paradas de tráfico habían crecido en unas 3,000, a casi 64,000, en 2011.

    Zumait se retiró en 2012 y la ciudad contrató al actual jefe de policía, Eddie Driggers. Esa decisión provocó algo de curiosidad porque Driggers era más conocido como capellán de la policía que como administrador.

    Su estilo marcó un gran contraste con la estrategia dura de sus predecesores. Intentó mostrar empatía hacia los afroamericanos, aunque tuvo problemas para cambiar la cultura de controles de tráfico y acoso, señaló el reverendo Joseph Darby, vicepresidente de la rama local de NAACP.

    "Creo que está abrumado", dijo Darby. "Especialmente ahora que de pronto tiene a este agente que ha traído todo este escrutinio sobre lo que hizo el departamento durante hace años y años".

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