Escándalo por secta sexual escala las élites mexicanas

Emiliano Salinas, hijo del expresidente mexicano, niega implicaciones.

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    Emiliano Salinas Occelli es esposo de la actriz Ludwika Paleta, con quien tiene unos mellizos.

    El escándalo causado por las declaraciones en el juicio contra la organización estadounidense NXIVM, considerada una secta para la explotación sexual de mujeres, envuelve las élites mexicanas, ya que presuntamente estarían involucrados hijos de expresidentes y varias socialités.

    Emiliano Salinas, hijo del expresiente mexicano Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), insistió el viernes en que él abandonó NXIVM al conocer las "atrocidades" que cometía la secta sexual DOS (Dominant Over Submissive) en su interior.

    "Cuando a principios de 2018, una conocida involucrada en DOS decidió relatarme sus experiencias, renuncié y corté de manera inmediata cualquier tipo de contacto con NXVIM; esto con una profunda consternación por las atrocidades que escuché", expresó Salinas en un comunicado.

    Salinas, esposo de la actriz Ludwika Paleta, dirigió la filial mexicana de NXIVM, secta liderada por Keith Raniere que se ofrecía como empresa de cursos y seminarios, pero aseguró que "jamás" participó ni estuvo "involucrado de forma alguna" con DOS, cuyas actividades condena y rechaza "categóricamente".

    Según han relatado testigos durante el juicio contra Raniere en Nueva York, en DOS se trataba a las mujeres como esclavas, se las flagelaba y les marcaban la piel de la pelvis con las siglas del líder de la secta.

    "Durante toda mi vida he sido promotor del respeto a la libertad y a los derechos humanos. No existe justificación alguna, bajo ningún contexto, para lastimar la dignidad de una persona", expresó el hijo de Salinas de Gortari.

    Junto a Salinas, ha sido señalado su socio Alejandro Betancourt, director ejecutivo en México de Programas Ejecutivos de Éxito (ESP, por sus siglas en inglés), la empresa que actuaba como filial de NXIVM en el país latinoamericano.

    En el juicio y en medios de comunicación trascendió la supuesta participación en NXIVM de decenas de mexicanos pertenecientes a poderosas familias de al alta sociedad.

    Por ejemplo, Ana Cristina Fox, hija del expresidente Vicente Fox (2000-2006), habría participado en la promoción de los cursos de superación personal de NXIVM, según publicó la revista Forbes.

    Una investigación de Aristegui Noticias, indicó que Fabiola Sánchez de la Madrid, esposa de Federico de la Madrid, hijo del expresidente Miguel de la Madrid (1982-1988), habría sido la encargada de administrar los donativos de ESP México.

    En el juicio también surgió el nombre de Rosa Laura Junco, hija del presidente del Grupo Reforma, que entre otros edita los diarios Reforma y El Norte, quien presuntamente era parte del círculo más cercano de Raniere y administradora de DOS.

    Raniere fue detenido el 27 de marzo de 2018 en Puerto Vallarta, en el oeste de México, tras ser acusado en un tribunal de Nueva York de tráfico sexual y trabajo forzoso, por lo que enfrenta un mínimo de quince años de prisión y un máximo de cadena perpetua.

    En 1998, este supuesto gurú de la motivación personal, ahora de 58 años, creó la organización Programas Ejecutivos de Éxito, a través de la cual impartía talleres de cinco días por los que cobraba hasta 5,000 dólares.

    Años más tarde, fundó NXIVM, la secta que estableció al norte de la ciudad de Nueva York y donde obligaba a los asistentes a tomar clases adicionales a mayor precio y a traer a otras personas para "ascender" dentro de los rangos internos de la organización y así obtener privilegios.

    Esta organización, que llegó a captar a unas 16,000 personas, operaba mediante filiales en México, Canadá y países latinoamericanos.

    La historia tomó un giro aún más oscuro cuando en el año 2015, Raniere formó una sociedad secreta dentro de NXIVM llamada DOS, "para empoderar a las mujeres y erradicar las debilidades del programa de estudios".

    Estas mujeres se convertían finalmente en sus esclavas sexuales, siendo forzadas a realizar tareas domésticas y marcadas a fuego en sus zonas pélvicas con las iniciales del líder, ceremonia que era grabada y en la que todas tenían que estar desnudas, según han relatado ellos mismas en el juicio.

    Las mujeres tenían que estar disponibles para él día y noche.

    Además, las víctimas eran extorsionadas con información comprometedora sobre amigos y familiares, fotografías de desnudos y derechos sobre las pertenencias que ellas mismas aportaban. Por eso muchas tenían temor de dejar el lugar o no obedecer, según la acusación.