tradiciones mexicanas

“Entre más sangre, más lluvia”: el ritual con el que en México honran al dios Tlaloc

La "pelea de tigres" se realiza en Guerrero al iniciar la temporada de lluvias.

ZITLALA, Guerrero - Como cada año al iniciar la temporada de lluvias, esta comunidad en el suroeste de México, se prepara para la "pelea de tigres", el ritual con el que ofrendan a Tlaloc, el dios azteca de la lluvia, para tener buenas cosechas.

Los participantes en este singular ritual que data de más de 300 años intercambian gotas de su sangre por lluvia que se traduce en cosechas abundantes y una mejora económica.

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“Año con año nos vestimos de tigres y, según nuestras tradiciones y antepasados, esto es para que tengamos una buena cosecha el año siguiente, nos damos de golpes, reatazos y hay sangre”, detalló Genaro Venegas, quien a sus 70 años asegura sentirse en perfectas condiciones para “seguir peleando”.

El ritual consiste en personificarse como un tigre. Para ello, portan un traje amarillo con lunares negros, una máscara del animal y una reata bañada en mezcal para que adquiera la dureza necesaria para dar latigazos al cuerpo del contrincante, cuya sangre derramada será la ofrenda a Tlacoc para que envíe lluvia.

Tradición fortalecida
Para uno de los peleadores, Arnulfo Tecruceño, quien lleva 20 practicando el ritual, su participación y la de sus compañeros ayudan a reforzar la tradición.

“Cuando peleo siento que soy participe de la petición de lluvia y cada golpe que recibo y doy siento que es para que se fortalezcan las tradiciones y no solo eso sino que lo hacemos por el ritual que nos han dejado los dioses, tenemos que pedir la lluvia porque la tierra está sedienta”, dijo.

No es para todos
Pese a que en el ritual participan hombres y mujeres de cualquier edad, no todos son “dignos” de pelear, ya que se necesitan agallas para hacerlo.

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Genaro Venegas insiste en que es necesario ver las capacidades que tiene cada persona, ya que son “golpes muy duros y no los recomiendo” y sólo hay dos opciones: perder o ganar.

Para los habitantes de Zitlala, ubicado en la región de la montaña baja de Guerrero, ser participe del ritual es muy especial, por lo que en los últimos años las mujeres han comenzado a pelear.

Le viene de herencia
Es el caso de Griselda Elizabeth, que a sus 20 años, motivada por su padre, decidió participar en esta edición, enalteciendo a la familia Nava.

“Es mi primer año, creo que lo traigo en la sangre, me gusta. Mi papá me apoya en esto, de hecho el fue el que me animó a venir”, contó la joven.

Los sentimientos de Griselda son similares a los de Arnulfo a la hora de pelear y aunque saben que la derrota es una posibilidad, tiene confianza en ganar, al igual que sus padres.

“Uno como padre siente un enorme gusto ver ganar a su hijo y como dice aquel dicho de tal palo tal astilla”, apuntó.

Costumbre familiar
Pese a que la tradición es parte de las costumbres del pueblo, cada familia tiene un ritual diferente antes de empezar la pelea.

Arnulfo recuerda que cuando era pequeño su abuelo le dijo que era importante ir a visitar a sus antepasados al panteón y hacerles una ofrenda en su tumba; de esta manera ellos le darían la fortaleza suficiente para aguantar los latigazos.

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“Esta ofrenda que traigo aquí, me la enseñó mi abuelo José María Valle, desde hace mucho tiempo y a mi hijo le estoy inculcando este ritual para que nos dé fuerza en la pelea, como cada año”, contó.

Además de eso, los hombres necesitan seguir una serie de reglas para poder competir, como prepararse desde un mes antes, visitar a sus antepasados, hablarle a las máscaras para poder convertirse en tigre, purificar su alma con mezcal y evitar cualquier contacto físico con mujeres, de lo contrario no tendrán el rendimiento necesario.

Gota por gota
“Entre más sangre, más lluvia y entre más lluvia buenas cosechas”, sentenció Arnulfo, quien pretendía pelear una vez mas en el ritual ya que había salido ganador y sin ningún golpe, por lo que para él era obligado volver a participar.

Es necesario tener un buen rendimiento físico para la pelea, ya que el combate tiene una duración de entre 5 y 15 minutos y, según cuenta la leyenda, la fuerza con la que se dan los golpes ha dejado varios muertos durante todos los años de la tradición.

Ser reconocidos es parte fundamental de la experiencia de los ganadores, por lo que cerca de la reja que divide la zona de combate se quitan la máscara de jaguar para que el contrincante vea contra quién perdió.

“Al final de la pelea seguimos siendo amigos como siempre, es una ofrenda al dios Tlaloc, para que nos dé buenas lluvias y lo hacemos con esa finalidad, no lo hacemos con rencor ni odio”, puntualizó Arnulfo.

A pesar de que no se conoce la fecha exacta de cuando inició este ritual, para los pobladores sigue siendo muy efectivo, por lo que se espera que este mismo jueves 6 de mayo comiencen las lluvias en la región.

En esta ocasión solo 100 tigres fueron los que participaron, ya que por causa de la pandemia por COVID-19, no se les permitió la participación de más personas como en años anteriores. 

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