Corrupcionario Mexicano: para reír y reflexionar

El texto busca mover a los mexicanos para que dejen de considerar normal aquello que no lo es

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    Corrupcionario Mexicano: para reír y reflexionar

    El actor Diego Luna encabezó la presentación del libro ante legisladores mexicanos. Jazive Pérez tiene la información. (Publicado viernes 4 de noviembre de 2016)

    Parece un texto de broma, para que los mexicanos rían como hacen de casi todo en la vida; sin embargo, el propósito del Corrupcionario Mexicano va más allá: busca sacudir a la sociedad para que deje de ver como normal aquello que no lo es.

    "Es un libro para que riamos pero, sobre todo, para que reflexionemos", establece la organización Opciona desde la presentación del texto que también tiene su página web.

    El Corrupcionario Mexicano invita a combatir la corrupción no solo de arriba hacia abajo, es decir, desde el gobierno hacia las instituciones y a la ciudadanía, sino también de "abajo hacia arriba", explica el actor Diego Luna, que escribió el prólogo.

    "México necesita hacer un ejercicio de reflexión. Necesita que todos los ciudadanos nos miremos al espejo y nos reconozcamos como parte del problema de la corrupción, para en algún momento ser parte de la solución", destacó Luna.

    Durante la presentación ante legisladores, el actor, productor y director de cine se mostró en contra de lo opinado por el presidente Enrique Peña Nieto en el sentido de que la corrupción en México es un problema cultural.

    "Si fuera cultural tendríamos que erradicar nuestra cultura; inmolarnos o echarnos a la hoguera", bromeó. "Pero no es tan grave. Más bien es un problema sistémico que atañe las decisiones que tomamos a diario. Pero es posible salir de la dinámica de la corrupción. Y la educación es la herramienta más útil para lograrlo".

    De ahí que el hashtag que promueve la campaña de lanzamiento del Corrupcionario Mexicano establezca, desde el inicio en quién está la decisión de erradicar la corrupción: #EmpiezaPorTi.

    En el texto se reunieron palabras asociadas al fenómeno de la corrupción, con el propósito de ponerles nombre y apellido a situaciones, personajes y acciones terribles que, maquilladas por la cotidianidad, nos parecen normales.

    Junto a las definiciones, también hay ilustraciones de moneros que se han sumado al proyecto. Así, con un concepto integral, pretenden sacudir los hábitos y acciones de los mexicanos para llevarlos a reflexionar.

    Hasta ahora, las definiciones mejor calificadas por los usuarios son palanca, caso Cassez, coyote, compra de votos y deshonestidad; y las más recientes: la ley gringa, por Adela, diezmo, criterio e infracción.

    Pero hay más. Para el Corrupcionario Mexicano, el Congreso es "un espacio simulado de representación popular financiado por los contribuyentes, para que diputados y senadores acudan esporádicamente a tomarse 'selfies' en la Tribuna".

    La definición caló hondo en algunos legisladores, como la senadora del PAN Laura Rojas.

    "Me parece tremendamente fuerte y dolorosa para una legisladora que sí trata de hacer bien las cosas", expresó Rojas. "Pero hay que admitir que es la realidad. Que el libro dice las cosas por su nombre y que esta es la percepción mayoritaria que tienen los mexicanos de sus legisladores".

    Pero del Corrupcionario Mexicano nadie se escapa. Entre los conceptos satíricos que popularmente usa la sociedad para nombrar prácticas corruptas están la famosa "mordida" (soborno), "el chayote" (cuando un periodista recibe dinero de sus fuentes), y la "cuatitud", como se le conoce al tráfico de influencias.