Israel

Revelan testimonio de familiares de secuestrados por Hamás

Romina Shvalb relata el reencuentro con sabor amargo de su hermana Karina Engelbert y sus sobrinas, Mika y Uval, que tiene 11 años y está herida.

Telemundo

Dejar atrás el secuestro en manos de Hamás no es algo que se puedan olvidar por ello el relato de los familiares que se reencontraron con sus seres queridos luego que Hamás empezó a liberar rehenes es siempre conmovedor.

Algunos consideran el ataque sobre Israel, con miles de civiles asesinados, como un nuevo holocausto. Es el caso de Romina Shvalb, quien pudo abrazar de nuevo a su hermana y sobrinas, pero no a su cuñado.

Fue un reencuentro con sabor amargo, dice mientras recuerda el reencuentro con su hermana Karina Engelbert y sus sobrinas, Mika y Uval, que tiene 11 años y está herida.

“Mataron a mi cuñado, Ronen Engel”, dice y recuerda las palabras de su sobrina cuando le dijo: “tía se me estaba muriendo en los brazos … como una cosa así se puede olvidar. Una nena de 18 años que tuvo a la hermana muriéndose en los brazos”.

Romina cuenta que un enfermero operó a Uval y la niña se salvó; pero le amputaron un dedo y tiene 5 fracturas en una pierna. “Hasta ahora no sabía que es el odio … como se siente odiar … y ahora sí lo siento”.

Todavía no sabe si a su cuñado lo mataron en el kibutz donde vivía, y se llevaron el cuerpo a Gaza, o fue en cautiverio. Demasiadas cosas en la cabeza, dice tener, y no hay corazón que aguante “tener mas sufrimiento ya no puedo más”.

Nos contó que a su familia sólo le permitían bañarse una vez por semana. “Le deban de comer una vez por día una pita con hongos, y una botellita de agua con la que tenían que arreglarse todo el día”.

Cuenta que vivió encerrada con sus 4 hijos y el esposo, sin hacer ruidos y en condiciones extremas. “Teniendo miedo de cocinar, para que no haya olor y crean que había alguien en la casa”.

Aún hoy, Romina dice que por las noches se despierta sobresaltada y lo primero que hace es comprobar cómo están sus hijos, revisar “que están tapados, que la casa está bien cerrada, porque acá donde yo vivo pasaron terroristas”.

En relación a los rehenes, entre los que tiene varios amigos, asegura, hace un pedido desde el lugar que ocupa; al tener a su familia mutilada por la irracionalidad del odio.

En todos los familiares de las personas liberadas se observa profunda angustia, y es lógico, aunque ellos no sufrieron en carne propia el secuestro, prudencia al hablar y pánico de que se repita el infierno del 7 de octubre.

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