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Régimen cubano reconoce consumo de drogas entre jóvenes

Una nueva droga de diseño, bautizada popularmente como "El Químico" o "Kimiko", ha ganado terreno de manera alarmante entre los jóvenes de la isla, convirtiendo los anhelos de futuro en cruda desesperanza.

Telemundo

En las calles de la capital cubana se gesta una lucha callada pero letal. Una nueva droga de diseño, bautizada popularmente como "El Químico" o "Kimiko", ha ganado terreno de manera alarmante entre los jóvenes de la isla, convirtiendo los anhelos de futuro en cruda desesperanza.

El régimen oficialista, que durante años negó la existencia de adicciones en su supuesto "paraíso terrenal", finalmente ha tenido que reconocer esta amarga realidad. Las palabras del coronel Juan Carlos Poey, en un programa televisivo, evidencian la gravedad del problema: "¿Hay droga en Cuba? ¡Hay droga!".

Según el Dr. Alejandro García, especialista en psiquiatría y salud mental, "en los últimos 4 o 5 años ha bajado de manera marcada la edad de comienzo del consumo, generalmente entre los 13 y 14 años". Una confesión que pone los pelos de punta al imaginar la magnitud de vidas jóvenes segadas por las garras de las adicciones.

A través de las redes sociales, vídeos estremecedores de presuntos consumidores bajo los efectos del "Químico" se han viralizado, mostrando conductas erráticas y estados de aparente ausencia mental. "Es el nombre genérico que se le da a grupos de sustancias que se logran en laboratorios", explica García sobre esta droga sintética.

Si bien su base es el cannabis, informes apuntan a que se le mezclan componentes tan peligrosos como pastillas antiepilépticas, formol e incluso anestésicos veterinarios. Un cóctel letal que ha dejado su huella en testimonios desgarradores como el de un joven de 27 años que admitió: "Consumía un gramo de un día para otro".

La psicóloga Christina Ballinotti analiza que "estas drogas se toman como un escape para sentir algún tipo de bienestar, algo de armonía que hemos perdido por completo". Una amarga paradoja para una nación que se jactaba de brindar felicidad a sus ciudadanos.

Pero lo más inquietante es la velocidad con que el "Kimiko" genera adicción. "En un periodo de tiempo mucho más corto logra un proceso adictivo más intenso porque son más agresivas", advierte García.

Agresivas y económicas. Un factor que ha propiciado su rápida expansión entre los sectores más vulnerables, donde por una dosis de esta droga se pueden pagar entre 150 y 200 pesos cubanos, un precio irrisorio en comparación con las devastadoras consecuencias.

Mientras las autoridades cubanas buscan soluciones para contrarrestar este flagelo, los jóvenes continúan cayendo en las sombras del "Químico", un enemigo silencioso que amenaza con arrasar las esperanzas de una generación completa. Una lucha en la que, lamentablemente, el futuro de muchos podría ser la primera víctima.

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