EEUU

Sentencian a la cárcel a agente de la DEA por asociación delictiva con un cártel

José Irizarry reconoció sus delitos, pero culpó a excolegas de la agencia federal de promover una cultura de corrupción.

GETTY IMAGES

TAMPA, Florida — Un agente antinarcóticos estadounidense que solía ser ejemplar y que se valió de su puesto para darse una vida de lujo con automóviles caros, fiestas en yates y joyería de Tiffany fue sentenciado el jueves a más de 12 años en una cárcel de Estados Unidos por asociación delictuosa con un cártel colombiano para lavar dinero.

José Irizarry reconoció sus delitos, pero culpó a excolegas de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) de promover una cultura de corrupción que lo hizo insensible a las implicaciones de infringir la ley.

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“Cuando mi cliente ingresó a la DEA fue entrenado en cómo ser corrupto, fue entrenado en cómo infringir la ley”, declaró su abogada María Domínguez.

JOSÉ IRIZARRI CULPÓ A EXCOLEGAS DE FOMENTAR UNA CULTURA DE CORRUPCIÓN

“En este universo alterno se volvió más fácil y menos sospechoso aceptar dinero y regalos” de parte de informantes criminales que trabajaban con la agencia antinarcóticos.

Al dictar su sentencia, la jueza de distrito Charlene Honeywell expresó su disgusto con la DEA por sus deficiencias, y dijo que otros agentes corrompidos por “el atractivo del dinero fácil” también deberían ser investigados.

“Esto tiene que terminar”, declaró la jueza. “A usted le tocó ser descubierto, pero para este tribunal es evidente que hay más personas”.

La DEA declinó comentar sobre las afirmaciones de Irizarry. Los fiscales han descrito sus delitos como un “escandaloso quebranto de la confianza del público”.

Las acusaciones en contra de Irizarry ponen de manifiesto la deficiente supervisión que recibió durante su carrera, en la que se le encomendó rastrear el uso por parte del gobierno de empresas fantasma, cuentas bancarias ficticias y mensajeros para combatir el narcotráfico internacional.

El caso genera interrogantes sobre si sus excolegas en la oficina de campo de Miami, donde Irizarry inició su actividad delictiva, también se valieron de sus puestos al tratar con los informantes secretos, que cada año mueven decenas de millones de dólares en dinero ilícito bajo la supervisión de la DEA.

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En documentos presentados ante la corte, Domínguez reveló que, desde el arresto de Irizarry el año pasado, se ha reunido con los fiscales durante “horas interminables” para proporcionar información sobre las actividades ilegales de “colegas agentes policiales que lo iniciaron en la vida delictiva”.

Hace poco Honeywell selló documentos “sensibles” interpuestos en el caso penal, alegando que su divulgación podría obstaculizar una investigación en curso, provocar que personajes sospechosos se den a la fuga y dificultar la cooperación de otros testigos.

Hasta ahora, salvo la esposa de Irizarry, Nathalia Gómez Irizarry, y un trabajador de aduanas colombiano, nadie más ha sido acusado en el caso.

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El inspector general del Departamento de Justicia de Estados Unidos criticó a la DEA en un informe a mediados de año por no haber supervisado adecuadamente lo que se supone son operaciones monitoreadas estrictamente como en las que trabajó Irizarry.

A raíz de la crítica, efectuada tras una serie de escándalos relacionados con agentes en el extranjero, Anne Milgram, la nueva administradora de la DEA, ordenó una revisión externa de las operaciones de la agencia en el extranjero, la cual está en curso.

La DEA se ha visto sacudida por repetidos casos de conducta ilegal en los últimos años, incluidos agentes acusados de fraude electrónico, soborno y venta de armas de fuego a narcotraficantes.

La audiencia del jueves se llevó a cabo tan sólo cuatro meses después de que otro antiguo agente de la DEA, Chad Scott, fuera condenado a más de 13 años de prisión por robar dinero a sospechosos, falsificar registros gubernamentales y perjurio.

El general Salvador Cienfuegos Cepedas fue detenido por petición de la DEA cuando llegó desde México a Los Ángeles acompañado de su familia.

La DEA contrató a Irizarry, de 47 años, y le permitió manejar transacciones financieras delicadas incluso después de que reprobara un examen del polígrafo, se declarara en bancarrota y mantuviera estrechos vínculos con un presunto responsable de lavado de dinero que acabaría convirtiéndose en el padrino de las hijas gemelas del agente con su esposa colombiana.

Irizarry se declaró culpable el año pasado de 19 cargos federales, incluido el de fraude bancario, y admitió que utilizó su experiencia en lavado de dinero para llevar una vida de lujo que, según los fiscales, fue financiada con $9 millones que él y sus cómplices desviaron de investigaciones encubiertas sobre blanqueo de dinero.

Las ganancias ilegales incluían un anillo de diamantes de Tiffany de $30,000 para su esposa, coches deportivos de lujo y una casa de $767,000 en la ciudad caribeña de Cartagena, además de residencias en el sur de Florida y Puerto Rico.

IRIZARRI SE DABA LUJOS OSTENTOSOS

Antes de que renunciara en 2018, los hábitos ostentosos de Irizarry y los relatos de fiestas escandalosas en yates ya eran bien conocidos entre los agentes de la DEA y los fiscales con los que trabajaban.

Para seguir adelante con sus planes, dijeron los fiscales, Irizarry presentaba informes falsos y le ordenaba a personal de la DEA que transfiriera dinero destinado a operaciones encubiertas a cuentas internacionales que él y sus socios controlaban. El dinero debería haber sido rastreado minuciosamente por la agencia antinarcóticos como parte de las investigaciones encubiertas de lavado, señaló la fiscalía.

Irizarry ha dicho que las cuentas bancarias en cuestión constituían un “fondo para sobornos”, que generaba ingresos, para viajes oficiales y personales de agentes policiales federales, fiscales estadounidenses y fuentes confidenciales.

Domínguez dijo que Irizarry aceptó la responsabilidad plena por sus actos, pero señaló que la cantidad que él obtuvo gracias a la asociación delictuosa nunca superó los $600,000.

En la audiencia de sentencia el jueves, Irizarry rompió a llorar al dirigirse al tribunal, diciendo que el mayor castigo era el no poderle explicar a sus dos hijas pequeñas por qué estaría lejos tanto tiempo. Dijo que cuando se convirtió en agente policial federal hace dos décadas lo hizo con un sentimiento de gran orgullo.

“Por desgracia, llegó un momento en el que tomé una decisión que iba en contra de la persona que era, que perjudicó a mi mujer y avergonzó a mi país”, declaró. “Debí imaginármelo y no lo hice. Fallé”.

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