Madre de José Fernández habla sobre su hijo

Maritza Gómez, madre del fallecido pelotero José Fernández, habla de la muerte de su hijo.

La madre del malogrado lanzador de los Marlins explica cómo enfrenta la pérdida de su hijo.

(Published viernes 12 de mayo de 2017)

Cada día, en medio de su inmenso dolor, Maritza Gómez busca entender la muerte de su hijo, el estelar pelotero José Delfín Fernández.

“Por la mañana, le pongo su café como siempre, sus velitas…le hablo…”, relata Maritza desde la sala de su casa, en el suroeste de Miami-Dade.

El dolor de una madre (Primera Parte)

[TLMD - MIA] El dolor de una madre (Primera Parte)
Entrevista exclusiva con Maritza Gómez, madre del fallecido pelotero José Fernández, desde su hogar en el suroeste de Miami Dade.
(Publicado jueves 11 de mayo de 2017)

¿Qué le dices?

“Papi, yo quiero que me expliques que pasó…”, agregó ella.

Una pregunta que se hace también sobre las piedras donde su hijo murió aquella madrugada trágica del 25 de septiembre. Con solo 24 años se apagó la vida de quien prometía ser el mejor pitcher cubano en la historia de las Grandes Ligas.

Maritza Gómez abrió las puertas de su hogar, lleno de recuerdos y memorabilia de Fernández, en una entrevista exclusiva con Telemundo 51.

¿Cómo fue que recibiste la noticia?

“Eran como las 6 y 10 de la mañana, suena mi teléfono no lo cojo, vuelve a sonar y lo cojo… Me dice el policía: usted es la mamá de José, dónde está José… Le dije esta noche José se quedó en su apartamento. Pero llamo al apartamento y nadie respondió”.

Y mientras Maria Arias, la novia embarazada de José trataba de calmarla por teléfono, ya la policía estaba en su casa.

Habían hallado el bote virado, pero no encontraron a nadie.

Minutos después lo supo: José había muerto en un accidente frente a las costas de Miami Beach.

“Gritaba, como que me fui del mundo… Ay, estoy temblando, mi mamá estaba durmiendo… y ella salió a ver lo que pasaba… Eso fue horrible”, recordó.

En un abrir y cerrar de ojos Maritza había perdido a su único hijo, con quien estuvo siempre, lo mismo para llevarlo a la escuela que a entrenar béisbol desde pequeño.

También estuvieron juntos cuando se lanzaron al mar en busca de un sueño y él, con solo 15 años,  la salvó de morir ahogada, tras ella caer de la embarcación. O cuando él se sometió a una delicada cirugía en su brazo de lanzar y, por supuesto, cuando el espectacular lanzador que era brillaba en el montículo.

O viéndolo jugar desde las gradas en el terreno de los Marlins de Miami en La Pequeña Habana. Un terreno que lo extraña, como sus compañeros de
equipo y sus fanáticos.

“El nunca pudo haber imaginado lo que la gente lo quería, lo que la gente sentía por él, las filas que hicieron en esa iglesia para pasar un segundo y darle un adiós…”, manifestó Maritza. “Le agradezco a todo el mundo que lo lloró como si fuera un hijo”.

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