Tarjetas de crédito: la seguridad empieza en casa

Tarjetas de crédito: la seguridad empieza por casa

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    TELEMUNDO LOCAL
    Un niño con un videojuego y una tarjeta de crédito es un peligro.

    A uno le pueden robar la identidad, al usar la tarjeta de crédito en una máquina o al hacer un pago en internet.

    Las consecuencias son muy molestas y hace falta una investigación exhaustiva para poder recuperar el dinero perdido, además de renovar todas las cuentas involucradas.

    Pero a veces es en el propio hogar donde se forja el problema, cuando hay niños pequeños o no tan pequeños sin una supervisión adecuada ni controles.

    Un ejemplo expuesto en Telemundo es el de Camila Acosta, cuya tarjeta de crédito fue usada por su propio hermanito para jugar en internet.

    Niños y tarjetas de crédito: mala combinación

    Niños y tarjetas de crédito: mala combinación
    Siempre hay que tener cuidado con el fraude con las tarjetas de crédito, pero a veces el mal uso de las tarjetas se produce en el propio hogar. (Publicado viernes 20 de febrero de 2015)

    No sólo eso, sino que el chico también usó las tarjetas de su otra hermana y de su madre.

    En esta época en la que la tecnología es una parte cada vez más integral de nuestra vida, hay que tener cuidado con los niños obsesionados con los videojuegos, que gastan dinero para avanzar de nivel.

    En ese sentido, muchos padres han perdido mucho dinero por el uso no autorizado de sus tarjetas de crédito y se quejan de la falta de medidas de seguridad para evitar estas pérdidas.

    Pero esas medidas deben ser tomadas en el mismo hogar.

    Las familias deben orientar a sus hijos e impedir que tengan acceso a algunos sitios de internet y aplicaciones.

    Ahmed Cruz, experto en informática, recomienda que si el niño tiene una tableta propia, se de debe crear una cuenta exclusivamente para él y darle tarjetas de regalo en lugar de permitirle usar las de crédito.

    Igualmente, si la tableta es compartida, se debe usar palabras clave, configurar los ajustes para que pida siempre la clave y, obviamente, no dársela al niño.