Contra la obesidad hormona que beneficia el ejercicio

Un aumento leve de los niveles de irisin se traduce en un incremento del gasto energético, sin modificar la cantidad de ejercicio o la ingesta de comida.

Contra la obesidad hormona que beneficia el ejercicio
Crédito: Getty Images
Por EFE 23 de agosto de 2014

LONDRES- Científicos estadounidenses han descubierto una hormona responsable de una parte de los beneficios del ejercicio físico para la salud y que, en un futuro, podría utilizarse para tratar problemas como la obesidad, según un estudio divulgado hoy por la revista Nature.


La investigación, llevada a cabo por científicos de la Facultad de Medicina de Harvard y del Instituto de Cáncer Dana-Farber de Boston (Estados Unidos), ha revelado que el ejercicio físico estimula la producción de una hormona denominada irisin, que actúa sobre las células blancas del tejido adiposo.


Un estudio efectuado en ratones ha demostrado que el aumento leve de los niveles de irisin en la sangre se traduce en un incremento del gasto energético total, sin modificar la cantidad de ejercicio o la ingesta de comida de estos mamíferos.


Así, estos ratones experimentaron una mayor resistencia a la obesidad y a la diabetes, y disfrutaron de una mayor esperanza de vida, según el doctor en Biología Celular, Bruce Spiegelman.


Estos cambios hacen pensar a los expertos que irisin puede ser la hormona responsable en los humanos de los beneficios del ejercicio físico, sobre todo de aquellos relacionados con el gasto energético total y con la resistencia a la obesidad.


Spiegelman cree que irisin podría servir como tratamiento inyectable para enfermedades metabólicas en humanos y otros desórdenes en los que el ejercicio físico puede suponer una mejora de la enfermedad.


Durante el experimento, los expertos pusieron a los ratones a correr en una rueda durante tres semanas y observaron que la concentración de esta hormona en su sangre subió un 65%.


Los científicos detectaron los mismos efectos en varias muestras de músculo tomadas en humanos, antes y después de diez semanas de entrenamiento físico supervisado, tras las que los niveles de irisin en la sangre se duplicaron en comparación con los niveles de un sujeto no expuesto al ejercicio.