El calvario de vender una casa en Cuba

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    LA HABANA - Después de más de cinco décadas finalmente los cubanos son dueños de sus viviendas y pueden disponer de ellas. ¿Pero hasta qué punto la ley no sólo se acata, sino que se cumple? De acuerdo a un artículo publicado por Laritza Diversent, cubana, licenciada en Derecho y autora del blog Jurisconsulto de Cuba, los trámites que hacen los cubanos no les permiten conseguir su objetivo que no es otro que vender o comprar una casa. Diversent expone el caso de Roberto López quien madrugó temprano en el Registro de la Propiedad de Arroyo Naranjo. Tiene planes de dividir su casa. Una parte la donará a su única nieta, la otra la venderá. A sus 70 años, necesita recursos para sobrevivir. Alcanzó el número diez en la cola, pero cuando lo atendieron le informaron que no podía inscribir su casa. Con la entrada en vigor de las normas decretadas por el Consejo de Estado que modifican la legislación en materia de vivienda, los propietarios cubanos corren en masa a las Notarías y Registros de la Propiedad, para poner sus títulos a tono con las nuevas exigencias legales. Las ya tradicionales colas para ser atendido en estas instituciones comienzan en la madrugada y siempre quedan personas sin atender al final de la jornada. Es que todo no está resuelto. Se acortó el tiempo para realizar los trámites, pero el Estado no cuenta con una adecuada infraestructura, ni con el personal suficiente para enfrentar la demanda de servicios jurídicos que requiere la nueva normativa. No importa, los cubanos ya están acostumbrados. Con una paciencia increíble, aguardan su turno para ser atendidos. Sin embargo, no son pocos los disconformes. No es fácil, después de esperar cuatro horas en la cola, recibir la noticia de que no puede realizarse el trámite por omisiones y errores que no son culpa de los ciudadanos, sino de la autoridad que emitió la documentación. Suena sencillo, pero el trámite implica madrugar y perder un día de trabajo haciendo una cola para ver al arquitecto, otra para el notario y una tercera para el Registrador de la Propiedad. Sin contar el tiempo que insume cada trámite. Pero el comprador de la casa de Roberto no está dispuesto a esperar. Planea pagar para agilizar los trámites. La premura vale en cualquier parte del mundo, pero para el gobierno cubano significa corrupción, una de sus enconadas luchas en el plano interno. Es así como comienza la aplicación de la normativa aprobada recientemente en la isla. Permite la compraventa de viviendas y eliminó una de las fuentes de ilegalidades. También aumentó el volumen de trabajo de funcionarios estatales, pero dejó intactos sus salarios. No cabe duda de que la corrupción y prevaricación de estos agentes, queda como tarea pendiente.