Berlusconi corre contra el tiempo

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    AFP
    El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en la Cumbre de la Eurozona sobre la crisis de la deuda finalizada el 27 de octubre de 2011 en Bruselas.

    MILAN, Italia - El jefe de gobierno Silvio Berlusconi prometió acelerar las reformas para poner a salvo a la economía italiana de los embates de la crisis de la deuda, pero sus proyectos se ven limitados por una impopularidad récord y por los repetidos llamados a su renuncia o a la creación de un gobierno de emergencia nacional.

    Un día después de la dramática caída de las bolsas europeas y en particular de aquella de Milán, Berlusconi convocó de nuevo en Roma a sus ministros para limar las medidas anticrisis prometidas la semana pasada a sus aliados europeos.

    Berlusconi espera llegar el jueves a la cumbre del G-20 en Cannes (Francia) con un primer plan de reformas económicas que tenga como principal objetivo reactivar el crecimiento económico y reducir la colosal deuda pública de 1.900.000 millones de euros (120% del PIB).

    Según la prensa, entre las medidas que el gobierno entiende adoptar figuran la cesión de activos públicos, la reforma del mercado del trabajo, un plan para relanzar las regiones pobres del Sur, la simplificación de la administración pública e iniciar la liberalización de las profesiones.

    El gobierno estudia otras medidas de "choque", como la introducción de un impuesto sobre la fortuna o una tasa sobre las cuentas corrientes.

    El ministro de Economía, Giulio Tremonti, se va a reunir también con el comité para la estabilidad financiera, en el que participan las mayores autoridades económicas italianas, entre ellas el nuevo "gobernador" del banco central, el Banco de Italia, Ignazio Visco.

    La situación de Italia es dramática, ya que es uno de los países más expuestos a la crisis y el martes su prima de riesgo de disparó hasta cotas desconocidas desde el nacimiento del euro después de que Grecia anunciara la celebración de un referéndum sobre el rescate.

    Por si fuera poco, el gobierno de Berlusconi no parece gozar de la confianza necesaria para aliviar la situación y su popularidad sigue cayendo, hasta situarse en un mínimo histórico del 22%.