Alain Pérez, un hombre marcado por las estructuras

Lo efímero caracteriza la obra de Alain Pérez, Director Ejecutivo de Evenstar Structures.

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    La estructura consistía en inmensas carpas blancas que se elevaban en forma de media luna alrededor de la pista principal del Kentucky Derby, que se celebra el primer sábado de mayo. Montarla demandó treinta días de trabajo, una fuerza laboral de 20 personas y una inversión de 1.5 millones de dólares.

    Noventa y seis horas más tarde, había sido desmantelada.

    Lo efímero caracteriza la obra de Alain Pérez, director ejecutivo de Evenstar Structures, una empresa que se encarga de la concepción y creación de estructuras temporales, que van desde una sencilla carpa, hasta edificios de vidrio de cuatro pisos, completamente equipados. "Me siento muy orgulloso y satisfecho, cuando veo nuestras estructuras convertirse en realidad".

    Alain Pérez, originario de Matanzas, Cuba

    Las estructuras han sido para Alain Pérez lo que la pluma es para un escritor. Desde muy chico vivió maravillado por las obras de su padre, un ingeniero, creador de distintas estructuras en su Cuba natal.

    Nació en el occidente de Cuba, en Matanzas, una provincia bautizada a fuego por la acción de aborígenes que antes de la conquista de la isla, en 1510, ejecutaron a unos españoles extraviados en uno de sus puertos.

    Por esas calles empedradas, con lindos paisajes de playa, corrió y jugó el pequeño Alain. Hasta que a los ocho años, en 1980, su padre se las ingenió para sacar a su familia rumbo a España, siguiendo el ejemplo de muchos cubanos en ese entonces, que huían de la revolución que Fidel Castro había encabezado 21 años atrás.

    En España su estadía fue sólo de doce meses. A los nueve años, Alain llegó con su familia a la capital del exilio cubano, Miami, donde vive hasta ahora.

    Conocí a Alain en lo que él llama “El corazón de su compañía”, ubicado en Medley. Es de apariencia sencilla, piel trigueña y ojos almendrados, que a la hora de la entrevista vestía una camisa negra de algodón, con cuello en V y pantalones color vino. Muy adecuado para el calor de Miami. “En estas instalaciones, tenemos alrededor de nueve acres: es una combinación de almacén, fabricación de estructuras, ingeniería y diseño. Todo se fabrica aquí” dice orgulloso, mostrando en lo se ha convertido la empresa que empezó con su hermana y otro socio hace dieciocho años.

    Me condujo por un camino de tierra, lleno de inmensas carpas blancas; entramos a una de ellas, donde había una enorme máquina adherida a una mesa cuadrada, con un vinil blanco. “Todas las máquinas son computarizadas; ésa corta vinil y lo estira y lo prepara; cuesta 600 mil dólares”.

    Seguimos el recorrido hacia otra área. Encontramos una gigantesca mesa y una señora de mediana edad al lado, con una máquina de coser. Frente a ella, otro señor más joven trabajaba también en una máquina de coser. “Están cosiendo componentes de la carpa, para convertirlos en una pieza grande, en una cubierta que está hecha con rollos”, aclara ante mi mirada curiosa.

    Mientras continuábamos el recorrido, me llamó la atención un área ruidosa, llena de alumino y máquinas para cortar y doblar acero. “En la parte de aluminio hacemos cosas fabulosas. Hemos ganado muchos premios de ingeniería de la Asociación de Industria de Estructuras Livianas, estructuras movibles; hemos ganado el premio en diferentes categorías, más de quince veces”.

    “La mayoría de lo que haces funciona alrededor de la estructura de aluminio. El aluminio viene construido para nosotros, diseñado por nuestros ingenieros, para nuestras propias necesidades”. Esta empresa compra aproximadamente 3 millones de libras de aluminio. Yo tuve la oportunidad de ver este metal de muchas formas y tamaños, apilado, bloques, unos encima de los otros.

    Mientras continúo conociendo las instalaciones de la empresa, lo interrumpe uno de sus arquitectos: “Cuatro tornillos y el poste apoyado en el piso", dice. Alain replica: "Esto es una solución para un cartel en el show de botes, para una estructura”. "Sí -responde el arquitecto- porque no hay donde agarrarlo, ya que está con cortinas y todo; por eso hay que poner el poste, afuera". Es un cartel para la entrada de los botes, dice Alain, y me enseña los planos hechos a mano por el arquitecto.

    Están hablando de lo que conllevó la preparación del famoso Show de Botes de Miami, que por primera vez se hizo en el antiguo Marine Stadium Park, en Virginia Key. Alain y su compañía fueron los encargados de crear una mega estructura temporal, acondicionada para recibir a los más de cien mil navegantes que cada año visitan la ciudad por mar y tierra. “Montamos unos 850 mil pies cuadrados. Tenemos un gran equipo, somos unos 150 trabajadores, pero cada uno sabe desempeñar al menos tres funciones distintas en la compañía”.

    Eventstar tuvo también la responsabilidad de crear la estructura que protege parte del museo flotante Intrepid Sea Air, la joya de la marina estadounidense, en Manhattan, Nueva York. “La construcción fue fascinante”, recuerda Alain: “tuvimos que hacerlo todo con las medidas que nos dieron para protegerlo. Todo el trabajo se hizo desde un barco al lado del hangar”. La estructura es como un puente de metal cubierto de vidrio, que se eleva al cielo dejando entrar los deslumbrantes rayos del sol y de la luna, que se proyectan al Enterprise, el insigne transbordador espacial de la Nasa.

    Las estructuras temporales de Eventstar, han viajado desde Europa y Asia hasta los mercados más importantes de EEUU. En eventos que van desde el famoso festival Art Basel, de Miami, hasta exposiciones de autos, conciertos, bodas de famosos y el museo de arte moderno, el MOMA, de la Gran Manzana.

    También han realizado estructuras para aplicaciones de defensa, como ejercicios militares; o aplicaciones para desastres naturales, como un hospital temporal o un área de cirugía temporal. "Hacemos todo tipo de estructuras que se puedan armar y desmontar rápidamente".

    “Lo último que tenemos ahora son los llamados Sistemas 950. Son edificios removibles de hasta cuatro pisos, que sirven para muchas aplicaciones. Centros de ventas, para estrategias de mercadeo, o automotriz, para quienes quieren probar un nuevo mercado”. Un edificio de 10 mil pies cuadrados puede costar hasta 3 millones de dólares. Equipado con todo, listo, sólo para empezar operaciones.

    Alain Pérez asegura que con sus construcciones arquitectónicas temporales, desea rebasar los límites de lo normal, romper las reglas de lo convencional, para llegar hasta donde la ingeniería moderna lo permita. “Quiero enfrentar los retos del presente, para lograr lo imposible y más allá”, como lo soñó en esa infancia soleada y casi lejana de la provincia de Matanzas.

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