Noticias de Miami
A golpes con el Diablo
PUBLICADO: 22 de noviembre de
2006, a las
10:12 am (este)
ACTUALIZADO: 8 de diciembre de
2006, a las
11:35 am (este)
Por MIGUEL ANGEL RODRIGUEZDesde que se emitió la serie especial “A golpes con el Diablo” cientos de personas se han acercado a mí en la calle para preguntarme al respecto de la violencia callejera.“¿De verdad es así?” me pregunta la mayoría. “¿No tuvo miedo durante la grabación del reportaje?” se interesan otros. La respuesta es sí a ambas preguntas.• EN IMAGENES: Cuando los puños hablan
A pesar de la encomiable labor diaria de nuestros cuerpos de seguridad, lo cierto es que cada dia las calles del sur de la Florida son más peligrosas. Y no sólo eso. Se sienten más peligrosas. Lo cual, para nuestra calidad de vida, es igualmente importante.En una u otra ocasión, todos nos hemos sentido intimidados por las personas que hay a nuestro alrededor. Hemos tenido miedo de quien camina frente a nosotros por la misma acera. O hemos decidido evitar una calle o barrio por lo que podría pasar. ¿Y cómo llaman eso? Yo lo llamo miedo. Y lo sentimos aquí, en nuestra casa.Los violentos, los criminales, los que se refugian en las sombras para delinquir nos llevan ventaja en esta particular batalla. Estamos sufriendo bajas en nuestra línea defensiva, y sobre todo porque no nos protegemos los unos a los otros.Pero, si me permiten seguir con la comparación bélica, la guerra no está perdida. Sólo hace falta que unamos filas frente a los violentos. Las autoridades necesitan nuestra colaboración. Más que nunca.Imagínense una ciudad de un millón de personas contra un grupo de cincuenta o cien violentos. Exacto. Todos juntos, podemos con ellos.
A pesar de la encomiable labor diaria de nuestros cuerpos de seguridad, lo cierto es que cada dia las calles del sur de la Florida son más peligrosas. Y no sólo eso. Se sienten más peligrosas. Lo cual, para nuestra calidad de vida, es igualmente importante.En una u otra ocasión, todos nos hemos sentido intimidados por las personas que hay a nuestro alrededor. Hemos tenido miedo de quien camina frente a nosotros por la misma acera. O hemos decidido evitar una calle o barrio por lo que podría pasar. ¿Y cómo llaman eso? Yo lo llamo miedo. Y lo sentimos aquí, en nuestra casa.Los violentos, los criminales, los que se refugian en las sombras para delinquir nos llevan ventaja en esta particular batalla. Estamos sufriendo bajas en nuestra línea defensiva, y sobre todo porque no nos protegemos los unos a los otros.Pero, si me permiten seguir con la comparación bélica, la guerra no está perdida. Sólo hace falta que unamos filas frente a los violentos. Las autoridades necesitan nuestra colaboración. Más que nunca.Imagínense una ciudad de un millón de personas contra un grupo de cincuenta o cien violentos. Exacto. Todos juntos, podemos con ellos.
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