(Del libro: Sexo, La puerta a Dios. Autores: Verónica del Castillo, Frances Fox y Cecilia Katchadodurian)
Influencia “espiritual” negativa… y más autoayuda
A menudo identificamos a nuestras parejas sexuales como enemigos/as, cuando, en realidad, pueden representar la puerta a nuestra consumación, a nuestra unión con Dios. ¿Cómo puede suceder esto, cuando, para hablar con la verdad, los necesitamos no sólo en el aspecto físico sino también en el espiritual? ¿Cómo podemos odiar tan completamente a aquel o aquella que podría ser nuestra salvación?
El factor que lo ocasiona no es sólo el temor a que la relación no funcione y resultemos sofocadas/os o abandonadas/os, hay en juego también un factor que no es visible: la interferencia espiritual. La interferencia espiritual suele ser la razón por la que nuestras intenciones se bloquean, por la que las personas buenas hacen cosas malas y por la que odiamos lo que tanto necesitamos.
Con el término interferencia espiritual me refiero a los seres espirituales cuyo objetivo es asegurar que tú no comprendas, toleres o comulgues con aquello que no sólo podría mejorar tu vida, sino que también te pondría en el camino hacia Dios. Para quienes lo duden, obsérvese que la mayoría de las religiones tienen clasificaciones de espíritus que incluyen estos espíritus negativos. Y los más dañinos de todos los espíritus negativos son de naturaleza sexual: los íncubos y súcubos que se aferran a nuestros órganos sexuales y se ocupan de que no logremos esa unión que podría liberar nuestra alma.
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