Es absolutamente comprensible que una mujer esté ilusionada con casarse. Es una fantasía sana y común a la mayoría de las mujeres cuando encuentran su verdadero amor. Pero hay veces que los chicos sentimos que las mujeres no están interesadas en nosotros sino que somos parte del decorado de su “boda perfecta”.
Entre hombres nos tenemos que ayudar, a continuación te damos algunos claros indicios de que eres parte del casting de su casamiento ideal:
Interrogatorio del FBI. Apenas te estás conociendo y ella está desesperada por saber u estado civil y detalles pormenorizados. Hace preguntas fuera de sitio como: “¿Qué piensas del matrimonio?“ o si estás divorciado: “¿ya has tramitado el divorcio?”. Los chicos sentimos natural terror al casamiento, en especial si creemos que nos pusieron en una cadena de producción que nos lleva raudamente al altar.
La emboscada de las amigas. Cena con sus amigas para conocerlas y de repente sientes la mira de los francotiradores sobre tu cabeza. “¿Para cuándo el casamiento?”, “¡Se los ve tan bien juntos!”, “¡No la dejes pasar, nuestra amiga es maravillosa!”. Tenlo por cierto, esto no es casual, estás más emboscado que JFK en Dallas.
“Un día todo esto será tuyo”. Este soborno familiar suele ser organizado por el padre de ella absolutamente manipulado por la hija. Te lleva aparte, te muestra la casa y te habla de que a él le encantaría tener un “hijo” que saque adelante la empresa, o la casa, o lo que toque. No me seas inocente, este truco es más viejo que la rueda. Cásate por amor, no por una subasta inmobiliaria.
“Vamos de boda”. Te lleva a los casamientos de todas las amigas, vecinas del barrio y hasta de la prima segunda a la que odia. La vez saltar cuando vuela el ramo de la novia y pelearse a codazos y mordiscones para hacerse con él. Cuando finalmente lo tiene –se lo arranco de las manos a una amiga de 45 años que ahora sangra por nariz tirada en el piso- te mira con ternura como diciendo: “¡Los próximos somos nosotros!”. Corre y no mires para atrás.
“Nuestra fiesta será así”. Ella habla sin parar -¡más de dos horas!- sobre el plan de como será la boda de ustedes. Te sorprende escuchar las coreografías de baile que te tendrás que aprender, como sentará a tus amigos e incluso como te vestirá para que no desentones con su vestido. Lo sabes… tienes la certeza de ser una figurita de “quitar y poner” en el espantoso remake kitsh de su fiesta de 15 años.
Querido lector, si terminas finalmente en la sala de trofeos de alguna afortunada te rogamos que vendas cara tu piel y lo hagas por la mujer que realmente te ame, no por la primera cazadora de inocentes en cuya trampa fuiste a caer.
Manuel Brown