Pedro Martínez espera llamada del Salón de la Fama

Pedro Martínez espera llamada del Salón de la Fama

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    BOSTON - En su labor como cronista de los Dodgers de Los Ángeles, Nomar Garciaparra es testigo de cómo Clayton Kershaw se convirtió en un lanzador dominante en la Liga Nacional, lo que le permitió ganar el Cy Young en tres de los pasados cuatro años.

    Pero cuando los aficionados le preguntan si conoció a algún jugador tan bueno como el zurdo de Los Ángeles, Garciaparra los detiene en seco. "Espera", dice. "Tengo que jugar con Pedro Martínez".

    El antiguo paracorto de los Medias Rojas ya jugaba en Boston cuando el derecho dominicano llegó procedente de los Expos de Montreal en 1997 tras ganar el reconocimiento por la Liga Nacional. Luego lo vio ganar dos trofeos consecutivos con los Medias Rojas en las campañas 1999 y 2000 que lo marcaron como uno de los lanzadores más dominantes en la historia del béisbol.

    En ese periodo de dos años, en plena era dorada de los bateadores, Martínez tuvo marca de 41-10 con porcentaje de efectividad de 1.90 y 597 ponches. Después se convirtió en el ancla del cuerpo de lanzadores que llevó a los Medias Rojas a una victoria en la Serie Mundial de 2004 con la que pusieron fin a una sequía de campeonatos que duró ocho décadas.

    Martínez pasó cuatro temporadas más con los Mets de Nueva York, tres de ellas cortadas por lesiones, y volvió a una Serie Mundial en 2009 con los Filis antes de retirarse. Cinco años después es elegible para el Salón de la Fama y es probable que esté entre los elegidos cuyo nombre se anunciará el martes.

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    Al igual que Randy Johnson, que aparece por primera vez en la boleta, Martínez tiene casi asegurada su entrada al recinto de los inmortales en julio. Ambos tienen la oportunidad de recibir más del 98,84% de los votos, marca en poder de Tom Seaver.

    Martínez impresionaba a sus oponentes porque gozaba de un control que le permitía lanzar la pelota por todas las zonas del plato, sin olvidarse del interior.

    En 1999, cuando entró como relevista en el juego final de la serie divisional de 1999 contra Cleveland, los bateadores de los Indios se desinflaron frente a él. Martínez lanzó seis entradas sin permitir imparable para finiquitar la serie.

    "Quería que mi presencia se notara", dijo Martínez hace unos meses cuando volvió a Boston para ingresar al Salón de la Fama de la franquicia. "Cada vez que salía quería que supieran, que estuvieran conscientes de que no estaba bromeando. Ese era mi trabajo. Decir que estaba ahí y era el responsable".

    Martinez se retiró con marca de 219-100 y promedio de efectividad de 2.93. Ponchó a 3.154 bateadores y dio 760 pasaportes en 2.827 entradas. Ganó 20 partidos por campaña en dos ocasiones, también en dos campañas ponchó a más de 300 bateadores y en dos ocasiones logró marca de efectividad debajo de 2.00.

    Pero si sus lanzamientos electrizaban, su presencia causaba una animación especial en el estadio Fenway, al darle un toque multicultural a un parque de pelota que no se distinguía por su diversidad -los Medias Rojas fueron el último equipo en integrar negros- en una ciudad poco inclinada a cualquier tipo de cambio.

    En los días que lanzaba las banderas dominicanas ondeaban en las gradas y los aficionados coreaban su nombre mientras sonaban tambores con ritmos latinos. El periódico The Boston Globe comenzó a publicar las crónicas de los partidos en español junto a las escritas en inglés.

    Martínez no se distanciaba de la fiesta en los partidos, siempre que no estuviera lanzando. En un partido sus bromas eran tan distractoras que Garciaparra lo amarró en la caseta con cinta adhesiva usada para los vendajes y usó el último fragmento para colocársela en la boca.

    "Me gustaba estar relajado cuando no lanzaba y quería que mis compañeros también lo estuvieran", recuerda Martínez. "La temporada es muy larga y si no te diviertes, en especial los días en que no lanzas", se hará aún más larga".