Hay que darle fin a la era Leonardo Cuellar

Hay que darle fin a la era Leonardo Cuellar

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    CIUDAD DE MÉXICO.- Durante las décadas de los setenta y ochenta el fútbol femenil vivió una etapa fundamental que marcaría el futuro, debido a la fuerza que cobró este deporte a nivel mundial sobre todo en territorio europeo, en donde se celebró por primera ocasión un Campeonato Mundial de Fútbol Femenil. Italia fue la sede, este no fue avalado por FIFA, pero fue a partir de allí y de los consecuentes torneos que el máximo organismo de fútbol mundial fue tomando decisiones concretas sobre cómo involucrarse directamente en el desarrollo y fomento de la profesionalización del fútbol femenil a escala internacional.

    Paralelamente en México, las futbolistas que integraron la Selección Mexicana que participó en aquellas ediciones, como Alicia “La Pelé” Vargas, María Eugenia “La Peque” Rubio, Guadalupe Tovar y Esther Mora, comenzaron a ejercer presión para que la Federación Mexicana de Fútbol tomará cartas en el asunto llamado fútbol femenil mexicano. En aquellos años las oportunidades eran nulas para las mujeres y a pesar de que había ligas en nuestro país, quiénes tenían mejores habilidades terminaban jugando en Europa, como en el caso de Mora (la primera mexicana en jugar en el fútbol europeo).

    La Asociación Mexicana de Fútbol Femenil esperaba que algo sucediera en México, no existía el mínimo interés por parte de las autoridades del fútbol nacional, cuando en aquellos años era más importante limpiar la imagen del fútbol mexicano ante lo sucedido previo al Mundial Italia 90’. Sin embargo, el tiempo pondría todo en su lugar y a finales de los noventa se decidió impulsar la participación de nuestro país en un Mundial Femenil de la FIFA. Poco tiempo había para iniciar el proceso y pocos fueron los valientes que levantaron la mano para darle un inicio formal al trabajo de selecciones femeniles.

    Fue así como en 1998, invitado por Enrique Borja, Leonardo Cuéllar se convirtió en el técnico de la Selección Mexicana Femenil, puesto que ha mantenido durante los últimos 17 años. Si bien el principio no fue miel sobre hojuelas, Cuéllar se las arregló para buscar a las jugadoras que conformarían el equipo nacional que intentaría clasificar por primera vez a una Copa Mundial de la FIFA.

    Nuevos nombres aparecieron, Vargas, Rubio, Tovar, Mora y compañia entregaron la estafeta a un grupo de jugadoras encabezadas por Maribel Domínguez, Mónica Vergara, Mónica González, Andrea Rodebaugh y otras más que llevaron a México a su primera Copa del Mundo y quienes marcaron el arranque del proyecto. No había marcha atrás y la tarea implicaba trabajar contra viento y marea buscando apoyo tanto deportivo como económico, para poder formar jugadoras que quisieran hacer carrera en el limitado mundo del fútbol profesional.

    Con el paso de los años todas las jugadoras que conformaron el equipo nacional se enfrentaron a carencias que, con el paso del tiempo y de los buenos resultados, fueron disminuyendo. Los recursos llegaron tarde, pero llegaron. La Federación Mexicana de Fútbol otorgó un presupuesto que hasta hace poco equivalía al 20 por ciento del que maneja anualmente la Dirección de Selecciones Nacionales, para su preparación rumbo a su segunda justa mundialista Alemania 2011. Las jugadoras concentraban en Villas Tlalpan (instalaciones de CONADE) y todavía estaban bastante lejos de poder acceder a las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento de FEMEXFUT.

    Después de 17 años, los directivos del fútbol mexicano otorgaron a la Selección facilidades y apoyos para que su participación en Canadá 2015 fuera exitosa. Leonardo Cuéllar pudo integrar un equipo a su gusto conformado por aquellas jugadoras que participaron en los mundiales Sub-17 y Sub-20 celebrados entre el 2011 y 2015.

    La preparación para la justa mundialista fue diferente en esta ocasión. Las jugadoras se mostraban confiadas del éxito que tendrían en Canadá, donde el objetivo era clasificar a la siguiente ronda. El reto era conseguir una victoria en una Copa del Mundo y para ello se había trabajado durante el último año. Pero desafortunadamente las cosas no salieron como se planearon y México no logró cumplir con los objetivos, quedándose en la fase de grupos con un empate y dos derrotas, 8 goles en contra y 2 a favor, cifras suficientes para terminar último en el Grupo F.

    Tras este fracaso, se debe analizar el proyecto femenil de las selecciones nacionales. Se debe evaluar el proceso, la culpa no es totalmente de FMF. Las dos únicas ligas femeniles que hay en el país son amateurs, la responsabilidad de este nuevo descalabró tampoco recae en el nombre de Leonardo Cuéllar; la realidad de las cosas es que México inició de atrás para adelante y conforme pasaron los años, se trató de marcar el rumbo con grandes limitantes. Cuéllar fue valiente en aceptar el reto y tomar el toro por los cuernos, pero es momento de que se haga a un lado para pulir detalles que podrían ayudar y favorecer al fútbol femenil mexicano.

    Cuéllar se quedó años atrás en táctica y funcionamiento futbolístico. Las selecciones nacionales no han evolucionado, por lo que probablemente sea el momento de decirle gracias y adiós, su tiempo como técnico de México debe terminar. Eso sí, es imposible hacerlo a un lado y demeritar todo lo realizado por él.

    México está próximo a iniciar una nueva etapa. En Septiembre próximo arranca la Liga Femenil avalada por FMF, liga que será semillero de las próximas selecciones nacionales. No obstante, este circuito será amateur y mucho mejor sería que fuera profesional, pero no se puede volver a comenzar de atrás para adelante y por ello es importante que este proyecto emerja de una mano distinta, una mano que no sea la de Cuéllar.